Los
bilingües tienen un mayor número de ventajas que aquellos que conocen un único
idioma
1. Los bilingües tienen cerebros más grandes
El tamaño no es lo que importa, pero la realidad es que el lóbulo parietal
inferior izquierdo, que es el que está relacionado con el conocimiento de un
segundo idioma, es mayor en las personas bilingües. Otro dato más: cuanto antes
empecemos a aprender este idioma (sobre todo, si lo hacemos en la infancia),
más estimularemos dicha región del cerebro.
2. Los cerebros jóvenes aprenden mejor
Una interesante investigación realizada por James Flege, que
estudió el manejo del idioma entre los inmigrantes americanos, para explicar
cómo la edad es esencial a la hora de adquirir una nueva lengua. Este se dio
cuenta de que, cuanta más edad tenían los exiliados al llegar a su país
destino, estos aprendían peor el idioma. Una peculiaridad de este aspecto es
que, como señaló un estudio realizado en 2004 por Patricia Kuhl, los niños más
pequeños sólo aprenden de su relación directa con el idioma, y no a través de
los medios de comunicación. Ello quiere decir que la radio y la televisión
apenas producen ningún beneficio. Se trata de un proceso semejante al que
llevan a cabo los pájaros cantores.
3. El sentido de las palabras se almacena en sistemas motores
Ciertas palabras activan en el cerebro zonas semejantes (el córtex motor y
premotor) a las que son estimuladas cuando realizamos actividades físicas, como
mover la lengua, los brazos y las piernas. Es lo que ocurre con verbos como
“correr”, “coger” o “lamer”, que implican acción. La investigación llevada a
cabo por Hauk, Johnsrude y Pulvermuller en 2004 puso de manifiesto que nuestro
lenguaje y nuestro cuerpo están más unidos de lo que solemos pensar. Hablar es
moverse.
4. El aprendizaje continúa mucho después de salir de clase
¿Recuerdas aquella frase hecha tan de madre que decía que para aprender hay
que descansar bien? Tenía bastante razón. Según una investigación, descansar correctamente era esencial para que un grupo de
alumnos incorporase a su lenguaje las palabras que habían aprendido el día anterior.
En otras palabras, aunque tu cuerpo descanse, tu cerebro no lo hace durante el
sueño: es la conocida como polisomnografía.
5. La diferencia entre aprender la lengua materna y la segunda lengua
El cerebro se comporta de manera muy distinta en el aprendizaje de un
segundo idioma que en el primero, si los aprendemos en distintas épocas de
nuestra vida. Al aprender nuestra primera lengua, solemos utilizar fácilmente
las reglas gramaticales, aunque en muchas ocasiones, no seamos capaces de
explicarlas ya que son explícitas. En la segunda, el conocimiento gramatical es
explícito, como solemos aprender otro idioma, y necesitamos conocer sus reglas
de antemano. Sin embargo, si aprendemos ambas lenguas al mismo tiempo, la misma
zona cerebral relacionará ambas lenguas y las pondrá en contacto para generar
esquemas más complejos.
6. ¿Por qué nos resultan tan difíciles los falsos amigos?
Aquí está un peculiar experimento. En él, leemos la palabra
"verde" pintada de verde, la palabra “azul” pintada de azul, la
palabra “amarillo” pintada de amarillo… Y luego, la palabra “azul” pintada de
verde, o la palabra “amarillo” pintada de azul, algo que provoca confusión en
el auditorio.
Estamos recibiendo informaciones contradictorias, y algo
semejante ocurre con los falsos amigos o esas palabras que se parecen a una de
nuestro idioma pero significan algo completamente distinto.
Las palabras compartidas
en un idioma se procesan más rápidamente ("idea" en español y en
inglés), y los falsos amigos, de forma mucho más lenta, puesto que se produce
una competición en la que uno de los sentidos del significante terminan ganando
la partida sobre el otro.
7. Bilingüismo contra el alzhéimer
Conocer dos idiomas es importante tanto para los niños como para los
adultos. Aunque en un primer momento aprender dos lenguas puede ralentizar el
aprendizaje, a la larga forma una importante reserva cerebral, especialmente
útil a la hora de combatir la degeneración cognitiva. El
bilingüismo puede llegar a retrasar cuatro años la enfermedad de Alzheimer.
8. Hacer exámenes mejora el aprendizaje
Uno de los debates más frecuentes en la comunidad educativa es el que se
pregunta sobre si es preferible estudiar una y otra vez o realizar exámenes,
que en dicho caso no servirían sólo como herramienta de evaluación, sino
también de aprendizaje. Hemos hecho distintos experimentos: en uno,
los niños estudiaban una y otra vez y repetían los exámenes, en otro se
examinaban sólo de aquello en que habían fallado, en otro de toda la materia…
Cuál sería la sorpresa, que los alumnos aprendían más haciendo tests
sobre todo, tanto aquello que habían acertado como aquello en lo que habían
fallado.
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